Siervo de Dios DIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ Sacerdote diocesano
Siervo de DiosDIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZSacerdote diocesano

16. VACACIONES PARA EL ESPÍRITU

 

 

                       Las vacaciones veraniegas se han generalizado y han adquirido carácter oficial, y con justicia. Pero vamos a pensar en cristiano sobre lo que no deben ser las vacaciones y sobre la orientación cristiana de las mismas.

       

LO QUE NO DEBEN SER LAS VACACIONES

 

                       Las vacaciones no significan vagancia, aflojamiento de todas las ataduras morales como de las físicas, laxitud total y supresión de cualquier clase de tensión. Marchar de vacaciones no es dejarse rodar hasta el barranco de la molicie, pereza y pasividad completa.

 

                       Muchas cosas se llevan los que van de vacaciones para pasarlo mejor, y está bien, pero algunos dejan en casa lo que más necesitan, y es la conciencia, y hasta la vergüenza. Es lamentable, pero así sucede. Parece que van a eso, a soltar el animalito en prado desconocido, donde todo les es permitido por unos días.

 

                       Por supuesto malogran las vacaciones quienes las convierten en un nuevo ajetreo ensordecedor de músicas, aglomeraciones de gente y multitud de espectáculos, aparte los desgastes nerviosos que producen las frecuentes situaciones inmorales y erotismos perniciosos, que nunca faltan en las vacaciones de hoy.

 

                       Parece que hasta el espíritu toma vacaciones de todo esfuerzo, y hasta de alimento. Las prácticas religiosas quedan reducidas al mínimo, o se suprimen.

                      

ORIENTACIÓN CRISTIANA DE LAS VACACIONES

 

                       Hay un pasaje en S. Marcos, 6-31, muy aleccionador para las vacaciones. Jesús lanza a los apóstoles a una misión apostólica. Cuando vuelven y cuentan lo que les ha ocurrido, Jesús les dice: "Venid también vosotros aparte a un lugar solitario para descansar un poco. Pues los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer”.

 

                       En el citado pasaje Cristo nos da derecho a las vacaciones e indica las líneas maestras por las que se han de regir. Nuestro espíritu, advirtamos o no, es el que más derecho tiene a las vacaciones dedicadas al trato personal e íntimo con el amigo Jesucristo. Porque las relaciones con este amigo o se cultivan o se pierden. Y durante el año no tenemos tiempo de expansionarnos con El sin prisas y urgencias del trabajo y necesidades de casa. Unos días sin apostolado de ajetreo y extroversión, sin preocupaciones excesivas del bienestar de los otros, entregados a reencontrar de nuevo a Dios en más silencio y reflexión, nos prepararían para comunicar a Cristo a los hermanos más vivo y auténtico, más influyente y operante, y con Cristo daríamos nosotros con más generosidad y sacrificio, más cristianamente.

 

                       No se trata de unos ejercicios espirituales. Estos tienen su tiempo, y las vacaciones el suyo. Frente al mar o en la montaña, gozando de las maravillas que nos ha dado el Señor, a la vez que se recibe el beso de la brisa se puede y se debe también sentir el beso del Padre de los cielos. Pero el aliento del Espíritu exige una sensibilidad muy fina y, sobre todo, no mucha aglomeración de gente.

 

                       Sabemos muchas cosas, y posiblemente espirituales, pero no las hemos digerido. Las vacaciones podían ser un tiempo dedicado a rumiar el alimento ingerido deprisa y corriendo durante el año a la sombra de aquel árbol frente al mar tranquilo o embravecido. También puede suceder que tengamos a medio leer aquel libro o que éste otro necesite un repaso más profundo. Es el tiempo oportuno. No se trata de estudiar. Son vacaciones. Es ocasión más bien de contemplar en paz y sosiego, de gozar con limpieza de corazón las maravillas que Dios ha puesto en la creación material, tratando de entender aquel "mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura" de S. Juan de la Cruz y a la vez, ¿por qué no?, hacer esta oración tan naturalista como divina: "¡Oh cristalina fuente, si en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados!"

 

                       Con frecuencia se lleva el coche al garaje para darle un repaso y repostar, si no se quiere andar expuesto a un grave accidente. Pues esto mismo hay que hacer con nuestro espíritu, internarle en el garaje de la oración y de la reflexión, para darle un repaso a la luz del Espíritu Santo, ajustar lo que va flojo, limpiar lo que está sucio, y enderezar lo que se ha torcido.

 

                       Ante todo no podemos olvidar que alguien no toma vacaciones, dentro y fuera de nosotros, sino que "como león rugiente da vueltas a nuestro rededor buscando a quien devorar." (1Ped.5,8-9). Y el mismo Cristo nos da el alerta contra el enemigo que no duerme y puede sembrar la cizaña mientras pasamos tumbados los meses de verano; o se atreve a hacer un boquete en nuestra propia casa para robarnos la gracia de Dios (Mat.13,24; 24,42).

 

                       Que vuestras vacaciones sean felices, por haberles dado un sentido cristiano.                                                                                         

 

 

 

Oración de intercesión

Dios misericordioso,

que en tu siervo Diego, sacerdote,

nos has dejado claro ejemplo

de amor a Jesucristo y a la Iglesia,

trabajando sin descanso

por la santificación de las almas:

te rogamos que, si es voluntad tuya,

sea reconocida ante el mundo su santidad

y me concedas por su intercesión el favor

que tanto espero de tu mano providente.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

 

(Para uso privado) Con licencia eclesiástica.

 

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