Siervo de Dios DIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ Sacerdote diocesano
Siervo de DiosDIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZSacerdote diocesano

Revisión sobre el ministerio sacerdotal

 

MINISTROS DE LA PALABRA DE DIOS

 

     Tienes por primer deber el de anunciar a todos el Evangelio. Preparas a los fieles con tus visitas, trato social, promoción humana, obras de caridad, y asistencia social, para que oigan con gusto la palabra de Dios.

     Evangelizas a los no creyentes. Te esfuerzas porque llegue a todos, de una forma o de otra, en tiempos escogidos, y utilizando los medios modernos de difusión, la palabra de Dios.

     Tienes organizado un plan catequístico de niños, jóvenes y adultos, por medio de charlas, círculos de estudio, reuniones matrimoniales... donde se vaya profundizando en la doctrina evangélica.

     Cómo preparas la homilía. La haces larga y enredosa, con profusión de citas e ideas que la vuelven ininteligible e inadaptada. Comentas sencillamente los textos como un despertador para la celebración provechosa de la Eucaristía, y en general para recibir con fruto los sacramentos.

     Lees y estudias esa misma palabra, y te esfuerzas para recibirla tú mismo. La saboreas y asimilas en la contemplación. Sobre todo, pides al Señor por aquellos que te están escuchando, y te esfuerzas por adaptarla a los problemas vitales de los oyentes.

 

MINISTROS DE LOS SACRAMENTOS Y DE LA EUCARISTÍA

 

     Preparas a los padrinos y padres para la administración del bautismo. Lo administras en condiciones tales que los asistentes conozcan mejor y vivan el sacramento de regeneración que ellos también han recibido.

     Cómo llevas la preparación matrimonial de los novios. Hay cursillos, charlas, etc. Cuidas la misma celebración del sacramento para que adquieran ellos y los acompañantes conciencia de que celebran un sacramento grande.

     Participa el pueblo en la misa los domingos con cantos, etc. Podría hacerse mejor. La participación externa es signo de una vivencia interior en el sacrificio, en la entrega y unión con Dios.

     Te prestas gustoso a oír confesiones. Administras este sacramento con detenimiento y celo. Lo aprovechas para la dirección de las almas. Cultivas debidamente las confesiones de los niños.

     Tienes atendidos a los enfermos. Les visitas con frecuencia. Te descuidas en darles el viático Extrema-unción y aun ayudarles a bien morir.

 

RECTORES DEL PUEBLO DE DIOS

 

     Los tratas a todos con eximia humanidad, enseñándoles y amonestándoles en sus faltas, pero siempre con paciencia y amor, como a hijos.

     Como educador en la fe procuras que cada uno cultive su propia vocación, y ayudas a todos a alcanzar su madurez cristiana.

     Tienes organizada la Acción Católica, Movimientos Especializados, Cursillos de cristiandad y otras asociaciones apostólicas. Tratas con especial esmero a los militantes.

     Dedicas más tiempo y especiales cuidados a los obreros y a los pobres.

     En la actual coyuntura buscas medios de atracción para la juventud.

     Atiendes debidamente a los religiosos, si hay en tu parroquia, y cultivas con celo las vocaciones sacerdotales y religiosas.

 

EXAMEN SOBRE LA VIDA DE ORACIÓN

 

     Estoy convencido prácticamente de la necesidad de la oración, por ser un ejercicio de fe, esperanza y caridad, es decir, de vida teologal.

     Entre los medios necesarios para la santidad personal, doy la importancia fundamental a la oración diaria.

     En la acción Pastoral cuento con la fuerza y el alimento insustituible de mi intimidad con Dios; o confío demasiado en la técnica, en mi preparación intelectual o en el atractivo y medios humanos.

     Doy la importancia debida a la vida reglamentada, al recogimiento, y a la mortificación de los sentidos, como ambiente necesario para el trato con Dios.

     Crees haber alcanzado cierto hábito de oración a tus años de sacerdocio. Te recoges con facilidad y prontitud. Levantas con frecuencia tu corazón a Dios durante el día. Te distraes mucho. “Al agua hirviendo no se acercan las moscas.”, decía el Sto. Cura de Ars.

     En los trabajos ministeriales eres tú el primero que despiertas a la unión afectiva con Cristo, a quien representas ante la asamblea eclesial.

     Siendo la oración un ejercicio de amor al Padre por Cristo en el Espíritu Santo, te esfuerzas por progresar en la limpieza de recuerdos inútiles y egoístas, de afectos no del todo limpios, y de intereses que no encierran sólo el de la gloria de Dios.

     “De la abundancia del corazón habla la boca”. “Dime con quien andas, y te diré quien eres”. La búsqueda de Jesús en el Evangelio y las conversaciones espirituales marcan el grado de intensidad de nuestra oración.

 

EXAMEN SOBRE LOS PECADOS E IMPERFECCIONES

 

     ¿Conozco mis pecados mortales, veniales e imperfecciones, en número y clase, y las raíces y ocasiones de todos ellos?

     ¿Cuáles son los más frecuentes y habituales?

     ¿Qué reacción sientes ante la consideración de los mismos?: A) Vergüenza y confusión-humillación-espíritu de compunción... B) Decisión pronta y eficaz de acometer contra las raíces de mis pecados veniales-confesión frecuente-exámenes. C) Ser más fervoroso y diligente en la oración y en el apostolado. D) Dar más importancia al plan de vida, al recogimiento, al estudio, a un mayor orden en el rezo del breviario. E) Emprender o renovar una dirección espiritual profunda, constante y sincera. F)  Servirme más eficazmente de la ayuda espiritual de mis compañeros.

 

MIS AFECTOS DESORDENADOS

 

Todo cuanto existe en mí y fuera de mí me lo ha entregado el Señor exclusivamente como instrumento glorificador de Dios, y de propia santificación. Mi afecto desordenado a mí y a las cosas inutiliza estos medios de santificación.

 

  1. I.       EXAMINA TU EGOÍSMO Y SUS MANIFESTACIONES

a)    Juicios propios: Presunción, vanidad, envidia, criterios frente a los Superiores, desobediencia...

b)    Amor propio: deseos de honores, amistades, preferencias, temor al desprecio y olvido...

c)    Interés propio: comodidad, dinero, gastos superfluos, viajes, excesiva preocupación familiar...

  1. II.        APEGO A PERSONAS

         Amistades no del todo santas, o mantenidas no sólo por Dios-Pérdida de tiempo-Sensualidad-Afectividad...

  1. III.     AFICIÓN A COSAS

         Dinero o bienes materiales-Parroquia-Pueblo, Casa y libros-Cosas de arte-Colecciones-Otras cosas que el mundo aprecia.

¿Estoy convencido de la necesidad de trabajar en despegar mi corazón de todo lo que no lleva a Dios, o me detiene en la marcha hacia la santidad? ¿Estoy dispuesto a una limpieza seria de mi corazón entregándoselo todo entero a Jesús?

 

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

 

“Que no ocurra nunca, amados hijos, que precisamente el ministro de este sacramento de reconciliación, se abstenga de él”-“Y aquí es oportuna también otra reconciliación: que, al comenzar y progresar en la vida espiritual no os fiéis demasiado en vosotros mismos, sino que con sencillez y docilidad busquéis el consejo y aceptéis la ayuda de quien, con sabia dirección, puede guiar vuestra alma... Sin estos prudentes directores de conciencia, de modo ordinario, es muy difícil secundar convenientemente los impulsos del Espíritu Santo”. (Menti nostrae. 45 y 46)

 

       Qué aprecio tienes de este sacramento,  con qué frecuencia lo recibes.

       Lo consideras  como sacramento que solamente purifica, o también como medio de crecimiento y perfección en la vida de unión con Dios.

       Lo practicas rutinariamente.

       Te preparas convenientemente.

       Tienes dirección espiritual.

       Eres constante y claro en dar cuenta de conciencia.

       Te prestas gustoso a la confesión y dirección de otros hermanos sacerdotes.

 

 

EXAMEN SOBRE LA ORACIÓN

DURANTE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

 

     Cumplimiento del tiempo señalado-Lugar y postura corporal más conveniente.

     Trabajo de reflexión y aplicaciones vitales concretas-Diálogo afectivo entablado con Dios, con Jesucristo, con la Santísima Virgen.

     Paradas reflexivas y afectivas en los puntos o ideas más interesantes, sin prisa de pasar adelante.

     Consolación sentida: tendencia a una mayor entrega; mociones interiores al arrepentimiento, a la reforma, al sacrificio por los hermanos, a la renovación de la Pastoral.

     Desolación: tedio de la oración y de las cosas espirituales, sequedad, tristeza o desaliento.

     Causas: infidelidad personal; permisión divina para humillarme, probarme o purificarme.

 

Oración de intercesión

Dios misericordioso,

que en tu siervo Diego, sacerdote,

nos has dejado claro ejemplo

de amor a Jesucristo y a la Iglesia,

trabajando sin descanso

por la santificación de las almas:

te rogamos que, si es voluntad tuya,

sea reconocida ante el mundo su santidad

y me concedas por su intercesión el favor

que tanto espero de tu mano providente.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

 

(Para uso privado) Con licencia eclesiástica.

 

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