Siervo de Dios DIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ Sacerdote diocesano
Siervo de DiosDIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZSacerdote diocesano

Testimonio Francisco López

    Soy  hijo de Javalí Nuevo, Murcia, su pueblo natal y mío; fuimos amigos de la niñez, disfruté de su amable amistad en el Seminario de Murcia y siempre en los períodos vacacionales del verano, cuando se hacía más íntima, permanente y asidua nuestra convivencia. En el Seminario, al ser de cursos distintos, si exceptuamos los dos primeros años, en los restantes la relación fue intermitente, menos frecuente.

 

    Las motivaciones que apoyan esta petición no son relatos excepcionales, porque puede y debe decirse que lo excepcional en D. Diego era lo normal.

    Deseo anticipar que no se trata de una exposición rosada y blandengue de lo que fue la vida de nuestro amigo, sino simplemente algo tan sencillo, tan auténtico, tan serio y, al mismo tiempo, tan hermoso como decir de él lo que él era, lo que fue. No otra cosa que darle lo que es suyo por derecho propio, previa concesión y otorgamiento divinos.

 

    Asimismo, parece oportuno y conveniente destacar los aspectos humanos, enriquecedores, de su acusada personalidad, fuerte, madura, dinámica, con un carácter afable, cariñoso, comunicativo, dialogante, y todo ello envuelto en una simpatía y atractivo que era una pura delicia poder gozar de su amistad y compañía. Pienso en todos estos dones naturales, adquiridos y cultivados, que no eran parcos, resultaban agigantados, como sublimados, por su intensa y profunda vida interior. De ahí que resaltaran de manera sobresaliente en su trato, en sus actitudes, en su relación humana.

 

PREPARACIÓN AL SACERDOCIO

 

    En el Seminario destacó siempre por su vida de piedad y estudio, su vida de oración y disciplina, su aprovechamiento escolar, pues siempre coronó sus estudios con nota sobresaliente. En este tiempo, por mi proximidad y cercanía a él, puedo afirmar que impactaba por su recogimiento y humildad. Puedo y debo manifestarlo así porque, en mis dos primeros años en el Seminario, estuve como a su cuidado y confianza. Fue como un guía, a pesar de que sólo nos separaban dos años de edad y uno de estudios. Sobrellevaba, disimulaba, toleraba y disculpaba mis impertinencias con una actitud difícilmente imitable y humanamente casi inexplicable. Fue siempre un ejemplo para mí y pienso que para muchos.

 

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

    Durante la Guerra Civil Española, para mi auténtica cruzada, fue detenido, encarcelado y juzgado por un Tribunal Popular, que le condenó a varios años de prisión, lo que supuso que pasara encarcelado desde 1936 a 1939, siendo liberado cuando las tropas nacionales ocuparon la zona levantina.

    Por circunstancias especiales de familia pude conocer, mejor que otros, las causas aparentes de su detención, ya que subyacían otras que eran las verdaderamente determinantes. Fueron aquellas por razones estrictamente familiares. Fue como la víctima elegida para expiar las culpas “derechistas y católicas” de su familia, ya que tocar a su padre o a su tío José, hubiera sido impopular o simplemente no se atrevieron porque había personas interpuestas que presionaban a su favor. He dicho CAUSAS APARENTES. Me explico. Para los conocedores del ambiente y contexto sociológicos, políticos, religiosos, de los años treinta, no resultará aventurado ni carente de lógica mi interpretación de aquellos hechos. Buscaron la víctima que menos problemas familiares pudiera crear. Pero, en el fondo, por aquello de que “Dios escribe derecho con renglones torcidos”, hallaron el blanco que deseaban, porque la estricta verdad, la escueta y cruda realidad, se situaban en que Diego era el guía, el organizador, el orientador, el alma, en una palabra, de todas las actividades y tareas apostólicas que el grupo de seminaristas del pueblo desarrollaba durante la época estival, sobre todo en el campo catequético y otras actividades eclesiales. No solamente se desarrollaban las actividades propiamente dichas, sino también aquellas periféricas o secundarias que posibilitaban el allegar recursos materiales para atender a los múltiples y variados gastos que originaban. Él llevaba la mayor parte del trabajo y cargaba siempre con las mayores responsabilidades. Por eso el objetivo de los que le detuvieron y encarcelaron era certero y significativo, al conseguir una diana cierta sobre el puntal mas firme de una actividad netamente formativa y evangelizadora. Los que vivieron, los que vivimos, aquellos tiempos de negación, de apostasía, de persecución, dígase ahora lo que se quiera o se interprete como más convenga, en contradicción absurda y evidente con la verdad, saben que, no a humo de pajas, se puede decir y se dice lo que aquí queda expuesto: se dijo una cosa, pero se pretendió e hizo otra, pues fue una detención y condena de marcada persecución religiosa, aunque la arroparan con apariencias de imputaciones políticas, que a él no podían atribuirse porque nunca las tuvo.

 

    Puedo añadir que, sé por conocidos y amigos del pueblo, algunos compañeros suyos de prisión, que soportó con entereza y espíritu evangélico las privaciones y sufrimientos, el hambre y la escasez, las humillaciones y desprecios, de su encarcelamiento y prisión.

 

SACERDOTE DEL SEÑOR

 

    Con la guerra vino la dispersión y el seguir ambos, caminos diferentes. Finalizada ésta, él abrazó definitivamente el sacerdocio y yo elegí las actividades del funcionario y el matrimonio, como enmarque de mi vida y de mi realización humana y cristiana. Pero los contactos, aunque esporádicos, continuaron, al coincidir repetidas veces en nuestras visitas al pueblo, nuestro pueblo, y al tener noticias suyas por mi familia, la suya y otras personas del pueblo. Todo ello me ha permitido saber de sus trabajos, de sus tareas, de sus quehaceres sacerdotales, de su dedicación y entrega apostólicas. Por ello estoy en condiciones de afirmar que fue un sacerdote enamorado de su vocación, con plena conciencia de su identidad sacerdotal, entregado a su ministerio sin reticencias ni reservas. Se hizo todo para todos, según la expresión paulina. Se gastó y consumió en el servicio de Dios, a través del servicio a los demás, que esa es la gran verdad cristiana y evangélica. Y lo hizo empeñando e hipotecando su salud y su hacienda, la de sus padres quiero decir, pues el no tenía bienes ningunos. En una palabra: vivió desviviéndose por los que le habían sido confiados o los que él había buscado para confiárselos a Dios. Tengo para mí que está opinión, es la de todos los que le conocieron.


            Esclarecen y avalan estas afirmaciones unas palabras suyas, escuchadas por mí de sus propios labios, a raíz de su ordenación sacerdotal, en conversación sostenida entre ambos. Eran manifiestas y notables sus aptitudes y capacidades pictóricas, como su gusto por esta actividad artística. Ordenado sacerdote, pensó y decidió dejarla. Extrañado yo de tal decisión, le pregunté: ¿Es que vas a dejar de pintar cuando puedes alcanzar cotas tan altas en este campo y en el que también puedes servir a Dios y a la Iglesia? Su contestación fue tajante y rápida. DESDE LUEGO. NO ME HE ORDENADO SACERDOTE PARA SEGUIR PINTANDO. UN SACERDOTE TIENE COSAS MÁS IMPORTANTES QUE ATENDER Y HACER. Y así fue. Abandonó sin más. Esta conversación es auténtica, verdadera, exacta, aunque no literal, pero si muy aproximada a las palabras que él pronunció. Siento no tener testigos. Fue sólo entre los dos.

           

                                                            Francisco López

 

Oración de intercesión

Dios misericordioso,

que en tu siervo Diego, sacerdote,

nos has dejado claro ejemplo

de amor a Jesucristo y a la Iglesia,

trabajando sin descanso

por la santificación de las almas:

te rogamos que, si es voluntad tuya,

sea reconocida ante el mundo su santidad

y me concedas por su intercesión el favor

que tanto espero de tu mano providente.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

 

(Para uso privado) Con licencia eclesiástica.

 

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