Siervo de Dios DIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ Sacerdote diocesano
Siervo de DiosDIEGO HERNÁNDEZ GONZÁLEZSacerdote diocesano

Seminarista

«Pide mucho al Señor por los sacerdotes,

            que no es una obra de los hombres, sino la obra de Jesús».

 

            Isidora, hermana de Diego, cuenta que cuando suelen los niños empezar a hablar, le preguntaban: «Diego, ¿tú qué quieres ser?», él siempre contestaba: Yo quiero ser tula (cura). El párroco pronto lo acogió como monaguillo. Todos los días, al rayar el alba, se levantaba para ayudar a Misa. A veces se lo encontraban, muy de madrugada, sentado en la puerta, esperando que abrieran la iglesia.

 

Diego, a los 10 años de edad, ingresó en el Seminario diocesano de san Fulgencio de la ciudad de Murcia. Francisco López, seminarista con el Siervo de Dios, recuerda que «en el Seminario destacó siempre por su vida de piedad y estudio, su vida de oración y disciplina, su aprovechamiento escolar. En este tiempo, por mi proximidad y cercanía a él, puedo afirmar que impactaba su recogimiento y humildad. Puedo y debo manifestarlo así porque, en mis dos primeros años en el Seminario, estuve como a su cuidado y confianza. Fue como un guía, a pesar de que sólo nos separaban dos años de edad y uno de estudios. Sobrellevaba, disimulaba, toleraba y disculpaba mis impertinencias con una actitud difícilmente imitable y humanamente casi inexplicable. Fue siempre un ejemplo para mí y pienso que para muchos».

 

En vacaciones se comportaba como un seminarista ejemplar y como recuerda su hermana: «nunca frecuentó Diego espectáculos, ni malas amistades. En el pueblo todos querían tenerlo por amigo, especialmente los seminaristas a quienes reunía para hablar de Dios. Como don Mariano el párroco estaba enfermo, le ayudaba en todo lo que podía, sobre todo en la catequesis de los niños. Procuraba dedicar tiempo al estudio y la oración, frecuentando mucho la iglesia del pueblo. Siendo sacerdote recomendaba a un niño vocacionado lo mismo que él había vivido: «Ya sé que el domingo querías tú decir la Misa porque no había ido todavía (el sacerdote). Mira, si eres bueno y visitas al Niño Jesús todos los días y confiesas todas las semanas y estudias mucho serás cura y la podrás decir de verdad».

Oración de intercesión

Dios misericordioso,

que en tu siervo Diego, sacerdote,

nos has dejado claro ejemplo

de amor a Jesucristo y a la Iglesia,

trabajando sin descanso

por la santificación de las almas:

te rogamos que, si es voluntad tuya,

sea reconocida ante el mundo su santidad

y me concedas por su intercesión el favor

que tanto espero de tu mano providente.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

 

(Para uso privado) Con licencia eclesiástica.

 

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